Temprano
Para mí, la comida nunca se trató solo de alta cocina, sino de vida, tradición y creación de recuerdos.
Me crié en una pequeña granja en Eslovaquia, donde la comida no era solo algo que comprábamos; era algo que cultivábamos, cuidábamos y respetábamos. Cada mañana, antes de ir al colegio, mi rutina comenzaba dando de comer a los cerdos, las gallinas, los patos y los conejos, y luego regando las verduras. Aún recuerdo la sencilla alegría de coger un tomate calentado por el sol o un pepino crujiente directamente del huerto y comérmelo allí mismo. Por aquel entonces, nadie hablaba de comida ecológica, porque todo era natural, puro y fresquísimo.